Winterbottom y su colega Matt Whitecross, este otoño, en el Festival de San Sebastián. | Justy Gª Koch
- El cineasta presenta de 'La doctrina del shock', adaptación de Naomi Klein
Un libro sirve exactamente igual para cambiar la historia de la humanidad (pongamos 'El manifiesto comunista') que para que una mesa deje de cojear (pongamos algunos diccionarios biográficos). Con las películas pasa lo mismo, unas revolucionan la forma de mirar el mundo, otras dan sueño y algunas simplemente cuadran el presupuesto anual del productor (a cuenta de la subvención del Estado, se entiende). El cine es, admitámoslo, tan polimórfico como el sexo.
Winterbottom es, sin duda, el director vivo más consciente de la naturaleza poliforme del celuloide. Sirve para todo. Como el sexo. La filmografía de este británico hiperactivo vive en constante en movimiento. Hace un par de años sabíamos de él por la extraña y emocional vivisección de una ciudad que atendía al nombre de 'Génova'.


