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sábado, 16 de abril de 2011

Taller - Poetizar un cuento infantil, por Conchi Mostazo

Tres, son tres;
tanto si los cuento del derecho
como si lo hago del revés.

Tres, siempre tres;
tres animales:
pero ni uno es perro,
ni los otros dos, gatos.

Y al contarlos…
siempre sobran dedos en la mano.
Tres, juntos los tres,
todos son hermanos.

…Y la madre les dijo al partir:
“Construid una casa que ahuyente al malvado.”

Tres, trabajando los tres;
los dos menudos
presto acabaron,
pues de los tres, el mediano
eligió la madera
para evitar ser cazado.

Mas el pequeño no ha reparado
que su techo de paja,
 con un simple soplo
se rompe y se raja.
Y el más mayor,
trabajando muy duro,
construyó con ladrillo
la casa y sus muros.

Ésta sirvió de refugio
a los tres, espantados,
cuando  el feroz
acudió a devorarlos.

“La chimenea –pensó-
será mi salvación:
bajaré por ella
hasta el mismo salón.”

Mas los tres hermanos
pensando en vivir,
colocaron una gran olla
sobre el fuego, a hervir.

El lobo, al descender,
se topó con el agua
que escaldó su pelo, su piel y su cara.

La fiera espantada, abrasada,
se alejó hacia arriba,
bajando al revés.

Y los tres cerditos
contentos después,
celebraron que estaban
juntos, los tres.

lunes, 14 de marzo de 2011

Taller - A partir de un cuadro, por Conchi Mostazo.


Mujer serena, arropada
por el candor de su labor.
Recio traje tapa su cuerpo
que ellas, las otras,
muestran sin pudor.

Claroscuro en la estancia,
ajena a la escena
que se muestra ante sí:
trazos de muñecas
que se llevó la infancia.
Pulgar, Índice, Corazón…
tan sólo dos le bastan
para agarrar su pezón.
Anular…y el pequeño;
no quiere, no quiere
en ninguno de ellos, su sello.

Y que su diestra descanse
orgullosa, serena,
sobre el tacto de tul.
que refleje en los senos
su brillo y su luz.

Terciopelo rojizo,
cortinas de satén,
que enmarquen sus miradas
y que se digan: “ven”.

Gabrielle d'estrée y su hermana.
Finales del siglo XVI. Escuela de Fontanaibleau
Anónimo

domingo, 13 de marzo de 2011

Taller - Siguiendo a Walt Whitman, por Conchi Mostazo.

Ahora yo no haré más que escuchar,
A fin de insertar en mi canto aquello que escuche, para
permitirles a los puros su contribución.
Escucho el cantar sonoro de los pájaros, el murmullo del
trigal creciendo, el parloteo de las llamas, el crepitar
de las astillas en la fogata donde preparo mis alimentos;
Escucho ese son que tanto amo, el sonido de la voz humana;
Escucho todos los sones que juntos corren, combinados,
confundidos, fundidos, persiguiéndose;
            Walt Whitman, Hojas de hierba (1855)

Después me olvidaré de ellos:
del cantar, del murmullo, del parloteo,
del crepitar, de las voces y de los sones.
Lo haré cuando ya no me digan nada
o cuando, más que melodía, sean ruidos
los que me confundan.
Entonces, no escucharé el deshojar de la margarita:
“me quiere”, “no me quiere”,
“me quiere”, “no me quiere”,
e ignoraré el último pétalo.
Tampoco oiré las sirenas ni los silbatos:
punzantes como una aguja, hirientes
como el miedo que provocan.
Ni escucharé, jamás, de un solo hombre
su voz, autoritaria,
aunque ésta sea atendida por muchos otros:
mudos, sordos, uniformados, obedientes.
Mas siempre conservaré
el crujir de las hojas en otoño
bajo mis pequeñas botas de agua;
y el quejido de las cadenas
del columpio
                                      oxidadas, tensas, agitadas, olvidadas.

sábado, 12 de marzo de 2011

Taller: Continuar el texto, por Conchi Mostazo

Recuerdo mi niñez
Cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña (Alejandra Pizarnik)
Invocábamos, cantando, a la lluvia:
la Virgen de la cueva lo hacía posible
y entonces aparecía el agua, con furia.

Cuando yo era una niña
la patata vivía en un corro
en el que girábamos y girábamos
y una liebre perseguía  a un zorro.

Los cristales se rompían,
la estación estaba lejos
y en el último apeadero
se bajaban los más viejos.

En el patio de la escuela
cantábamos mirando al sol
vestíamos camisas nuevas
bordadas del mismo color.

Cuando yo era niña
guardaba mis ilusiones
como la piña guarda
en sus escamas, los piñones.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Taller - ¿A qué cuadro corresponde el texto siguiente?, por Conchi Mostazo..

Diría el espectador que el pintor retrató el mismo instante de la petición matrimonial, puesto que son muchos los detalles que lo hacen pensar: el desarrollo de la escena en el dormitorio nupcial, los símbolos religiosos que decoran la estancia, el espejo… al fondo de la habitación el espejo con la frase que confirma el histórico momento.
La futura contrayente parece estar en “estado de buena esperanza”, pero no;  se trata simplemente de su vestido, atuendo a la última moda; como también lo son las entradas de su frente rapada, casi totalmente despejada. A sus pies descalzos –como pisando suelo sagrado- un perrito, símbolo de fidelidad, la que se deberán profesar los cónyuges. Frente a ella, el futuro esposo, vistiendo ropas caras, tejidos de gran calidad apropiados a los crudos inviernos. Detrás de su porte elegante, símbolos que delatan la buena posición social del contrayente.
Y, al fondo, en el lado izquierdo del cuadro, la ventana; medio abierta, dejando pasar un  tenue rayo de luz que ilumina la estancia, recurso muy utilizado en la pintura flamenca de la época.
Un clic en "más información" para la respuesta.

domingo, 20 de febrero de 2011

Taller - El culto al cuerpo, por Conchi Mostazo

Isla de Argos (Grecia). Año 430 a. C. Un joven Policleto esculpe, en mármol, una estatua a la que llamará Doríforo (“el que lleva la lanza”). En ella quiere aplicar su canon, un ejemplo simple de proporción numérica aplicada al arte, con la que explica que la belleza humana está en la proporción, la medida y el número. El cuerpo humano perfecto –el de su Doríforo- es el que la medida de su  altura es siete veces la longitud de la cabeza.     

Atenas. Año 367 a. C. Para el filósofo Platón, la más hermosa relación entre los números, la más reveladora de las proporciones matemáticas es

lunes, 13 de diciembre de 2010

Nanocuento - Conchita Mostazo

apoyando el codo en la barra, un cliente observa, con una irónica sonrisa, los rápidos y ágiles movimientos de uno de los camareros, enano. Astutamente le pregunta:
-         Oye, ¿Por qué no me bajas aquella botella? – dice, mientras señala la última botella del último estante.
-         No puedo, señor – responde, con cortesía, el enano.
-         Y, ¿por qué no puedes? – pregunta, con mirada perversa, el cliente.
-         Porque no alcanzo, señor.
-         ¿Por qué no alcanzas? – insiste, con sorna.
-         Porque soy más grande, mucho más grande que su piedad, señor – dijo el camarero.

Conchi - Mayo 2010  

La compañera ideal - Conchita Mostazo

LA COMPAÑERA IDEAL

He mantenido tres diferentes relaciones en los últimos años. Con la primera –y a pesar de mi inexperiencia y de su ignorancia- sentí la ilusión de los inicios. ¡Podremos conseguirlo juntos! –me dije. Entonces, aunque la emoción me impidió reparar en sus carencias, yo la usé, la usé e incluso abusé hasta que ella, a su pesar, ya no pudo darme más. Reconozco que ésta –la primera- me ayudó a perder el miedo ante aquella nueva actividad que, aún siendo monótona y pesada para algunos, a mí me aportaba un indescriptible placer.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Concurso literario Juana Raspall

Conchi, ganadora del segundo premio del concurso literario Juana Raspall de Sant Feliu de Llobregat con un relato que pronto pondremos a disposición de los lectores de este blog.
Felicidades!!!