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jueves, 2 de junio de 2011

Taller, poesía - A mi madre, por Andrea

   Ahora eres viejita.
   Y ya no me dices nada. Sólo a veces,
   si resurge tu orgullo de princesa.
   Me miran tus ojos verdes, de gata
   sin tejado, desde una cara
   que no reconozco a veces,
   manchada  por el tiempo, escrutando
   atentos, lo que hago,
   lo que digo,
   con quién hablo, qué me pongo,
   a qué hora llego, si estoy
   triste o cansada, si salgo,
   si entro,
   si voy sola o con amigos,
   día a día.

   Ahora eres viejita.
   Y es cuando intentas cuidarme
   reparando lo que no supiste
   hacer.
   Me cubres  con la manta,
   torpe, inexperta
   en  detalles abnegados, interrumpes
   mi siesta.
   No te hago caso. Y me preguntas,
   una y otra vez,
  ¿Hoy es martes?
  ¿Me has comprado las pastillas?
  ¿Ya me has sacado dinero?
    Eso y tus múltiples dolores,
    muletillas que resbalan en mi sueño.
    día a día   
   

sábado, 16 de abril de 2011

Taller - Poetizar un cuento infantil, por Andrea Lajaunie.

PEDRO Y EL LOBO

Cuentan que Pedro el pastor de sus ovejas cuidaba.
¡Qué aburrimiento, qué horror!,pensaba, mientras pastaban.

¿Cómo podré superar este hastío que yo siento?
Algo tendré que idear, o moriré en el intento.

Ni corto ni perezoso, puso en marcha una añagaza,
gritaré en tono angustioso que el lobo muy cerca pasa.

Así la gente del pueblo vio subido al algarrobo,
al zagal, a voz en cuello: ¡Socorro, que viene el lobo!

Asustados por las voces corrieron hacia el pastor
que al verlos llegar veloces, se reía sin pudor.

Los campesinos molestos, dieron la espalda al muchacho,
y volvieron, pasos prestos, a sus puestos de trabajo.

Brotando del algarrobo que se recorta en el cielo,
otra vez ¡qué viene el lobo! escucharon con recelo.

Dieron de nuevo la vuelta, y corrieron presurosos.
No puede ser que nos mienta, no seamos orgullosos.

Cuando llegaron al campo, al lado de las ovejas,
Pedro estaba retozando, riendo de oreja a oreja

Los paisanos furibundos, le dijeron al zagal:
nada ni nadie en el mundo, nos la volverá a jugar.

A la mañana siguiente, Pedro reía pensando
cómo corría la gente, brazos, piernas, agitando.

Recordando sus hazañas, no vio que el lobo rondaba,
pasos firmes de alimaña, que las ovejas balaban.

Una mueca de terror, en el cuerpo sudor frío.
¡El lobo!, gritó el pastor. Nadie acudió al desafío.

Y el muchacho, sin redaños, al ver al lobo matar
diez ovejas del rebaño, contrito, rompió a llorar.

Y ahora le canta la gente: te han comido las ovejas.
Has tenido mucha suerte, aún conservas las orejas.

Taller - A partir de un texto de reflexión, escribir una poesía, por Andrea Lajaunie.

Pero tal vez hay otra razón que torna tan gratificante para nosotros el formular en términos de represión las relaciones del sexo y el poder: lo que podría llamarse el beneficio del locutor.  Si el sexo está reprimido, es decir, destinado a la prohibición, a la inexistencia y al mutismo, el solo hecho de hablar de él, y de hablar de su represión, posee como un aire de transgresión deliberada.  Quien usa ese lenguaje hasta cierto punto se coloca fuera del poder; hace tambalearse la ley; anticipa, aunque sea poco, la libertad futura.  De ahí esa solemnidad con la que hoy se habla del sexo.  Cuando tenían que evocarlo, los primeros demógrafos y los psiquiatras del siglo XIX estimaban que debían hacerse perdonar el retener la atención de sus lectores en temas tan bajos y fútiles.  Después de decenas de años, nosotros no hablamos del sexo sin posar un poco: consciencia de desafiar el orden establecido, tono de voz que muestra que uno se sabe subversivo, ardor en conjurar el presente y en llamar a un futuro cuya hora uno piensa que contribuye a apresurar.  Algo de la revuelta, de la libertad prometida y de la próxima época de otra ley se filtran fácilmente en ese discurso sobre la opresión del sexo.  En el mismo se encuentran reactivadas viejas funciones tradicionales de la profecía.  Para mañana el buen sexo.  Es porque se afirma esa represión por lo que aún se puede hacer coexistir, discretamente, lo que el miedo al ridículo o la amargura de la historia impiden relacionar a la mayoría de nosotros: la revolución y la felicidad; o la revolución y un cuerpo otro, más nuevo, más bello; o incluso la revolución y el placer. 
Michel Foucault, Historia de la sexualidad. T. 1. 

EDUCACIÓN SENTIMENTAL



Nunca mientes ese tema, ni dejes ver tus deseos,
percibirás la reserva  y una mueca de desprecio,
la mirada que reprueba o la rigidez del cuerpo.
Hay servidumbres molestas, de eso que se llama “sexo”.

Te vuelve muy vulnerable y  es algo sucio y espeso,
sólo para gente zafia y mujeres sin respeto.
No sería digno de ti cometer tales excesos,
las chicas finas no sudan y por regla tienen “eso”.

Ahora bien,  si insolente  se manifiesta el desespero,
flagela con el látigo y el cilicio tu cuerpo entero,
santifica tus ansias en aras de un amor perfecto,
y sublima tu deseo con tu amado, con esmero,
no se ha de notar que tú también disfrutas en el juego. 

Desde su más tierna infancia, fueron esos los consejos,
que recibieron las niñas, de los padres, del colegio,
a veces con disimulo, otras claros y directos.
Cuando la razón flaquea, entra el instinto al acecho,
¿qué pueden hacer las niñas si el camino es tan estrecho?
 
Puesta en esta tesitura, una dijo ¿qué  prefiero?
¿Peco un poco por un beso, un mordisquito, un magreo
un pellizquito en el culo, un placer corto y  pequeño?
Si de ser débil se trata, un helado es lo que quiero,
al fin y al cabo la gula, no quiere arrepentimiento.

Se casó a los veintiuno, blanca y virgen, por supuesto,
con un varón guapo y fuerte, y consumado putero.
No se sabe a ciencia cierta, aunque ella afirma con tiento
que alguna vez en su vida se ha quedado sin aliento...

Otra decidió pecar, despacio, quitando el miedo,
primero tiernos besitos,  luego algún abrazo lego,
manos y boca aprendiendo caricias de cuerpo entero.
Si de ser feliz se trata, elijo estos derroteros,
aunque me muera de fama, de putón y verbenero.

Se casó a los veintiuno, frágil e ingenua en su empeño
con un hombre de ojos negros, inteligente y con ceño.
Una vida muy sensata, razonable y sin excesos,
hasta que prendió la chispa que le quemaba por dentro.

Decididas y resueltas, hoy se miran al espejo,
tonos cálidos, maduros, de cepa de vino añejo,
salen a beber la vida, que se les escapa el tiempo.
Son diferentes por fuera, pero igualitas por dentro,
una se come el helado, la otra prefiere los besos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Taller - A partir de García Lorca, por Andrea Lajaunie.

El texto de García Lorca: El jinete muerto


En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

...Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas.

   Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

   En la luna negra,
sangraba el costado
de Sierra Morena.

  
   Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

La noche espolea
sus negros ijares
clavándose estrellas.

   Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

   En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera.

   Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?


Ahora, un primer texto de Andrea, "a partir de..."

 

El fuego le quema

la carne a jirones 

se desgarra, lenta.

Caballito frío.
¡cómo hiende el aire tu relincho!

En la luna negra

mudos estertores
en silencio suenan.

Caballito negro.
¿dónde están las fosas de los muertos?

Tus cascos golpean
roja y encendida
la tierra de sangre.

Caballito frío.
¡cómo hiende el aire tu relincho!

En la luna negra
  aúllan los perros
siguiendo tus huellas
Caballito negro.
¿dónde están las fosas de los muertos?

Pende su  cabeza
jinete privado
de cuerpo y esencia

Caballito frío.
¡cómo hiende el aire tu relincho!

viernes, 11 de marzo de 2011

Taller - Continuar un texto, por Andrea Lajaunie.

El principio es de Safier,  Jesús me quiere.

Por mucho que el pastor Gabriel pensara otra cosa, yo le rezaba a Dios a menudo. No creía al cien por cien que hubiera un Señor Todopoderoso en el cielo, pero tenía la gran esperanza de que existiera. Le rezaba cuando estaba a punto de despegar o de aterrizar en un vuelo low cost. O antes de la retransmisión del sorteo de la lotería. O cuando quería que el tenor del piso de abajo, que no paraba de cantar ópera a todo volumen, perdiera la voz.  O cuando llegaba en último lugar el caballo al que mi hijo había apostado la mitad de su sueldo. O cuando mi hija venía con un nuevo ejemplar de novio. O cuando el día 15  nos quedaban ochenta euros para acabar el mes.
La verdad es que

Taller - Continuar una poesía, por Andrea Lajaunie.

Recuerdo mi niñez
Cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña (Alejandra Pizarnik)

el tiempo transcurría, eterno
en soledad vestida de compañía.

Recuerdo mi juventud
Cuando yo era una niña
La luz se colaba entre las sombras,
recuerdo las cálidas tardes de penumbra
cuando era joven
el tiempo volaba ágil, audaz
satisfecho, en comitiva.

Recuerdo mi edad madura
cuando yo era una niña
Las tinieblas vivían escondidas,
recuerdo las noches de cuerpo contra espalda,
cuando era madura,
el tiempo se deslizaba, rotundo,
intenso, en calma y armonía.

Recuerdo mi vejez,
cuando yo era una niña
La oscuridad y la luz se confundían,
recuerdo el despertar cada mañana,
cuando era vieja,
el tiempo discurría, inexorable,
sobrio, en rebelión  contenida.    

miércoles, 9 de marzo de 2011

Taller - Mundo referencial inverso, por Andrea Lajaunie.

¿Cómo cambiar un texto para que lo escrito pertenezca a un mundo opuesto?
Primer el texto de Chaucer y después la transformación.

Aunque ninguna autoridad hubiera en este mundo, sériame muy suficiente la experiencia para hablar de las miserias que encierra el matrimonio. Porque, señores, desde que cumplí doce años de edad (gracias sean dadas a Dios, que es eterno), he llevado cinco maridos al porche de la iglesia, pues yo me he casado muchas veces; y todos fueron hombres dignos en su clase. Mas a mí me han dicho, ciertamente, no hace mucho tiempo, que puesto que Cristo no fue jamás sino una vez a las bodas de Cana, de Galilea, por ese mismo ejemplo Él me enseña que yo no debía de haberme casado sino una sola. Escuchad y ved también, a este propósito, las severas palabras que Jesús, Dios y hombre, pronunció junto a un pozo, reprendiendo a la Samaritana: "Tú has tenido cinco maridos, y el hombre que ahora te posee no es tu marido", dijo Él en verdad. Lo que quiso significar con eso yo no sé manifestarlo; mas pregunto: ¿por qué el quinto hombre no era marido para la Samaritana? ¿Cuántos podía ella tener en matrimonio?

lunes, 21 de febrero de 2011

Taller - ¿A qué cuadro corresponde el texto siguiente?, por Andrea Lajaunie.

Lanzas enhiestas, cuerpos erguidos,
miran al frente, tercios altivos.
Al lado izquierdo, los abatidos,
picas dobladas, huesos hendidos.

Noble, el ganador se inclina,
tiende su brazo al rendido.
Éste, libre de rencor e inquina
cede la llave con gesto digno.

Solemnes los vencedores,
taciturnos los vencidos.
De verde, arcabuz al hombro,
destaca un  soldado,
único indicio de orgullo, no sometido.

Andrea Lajaunie

Un clic en “más información” para la respuesta.

domingo, 20 de febrero de 2011

Taller - De discurso directo a indirecto, por Andrea Lajaunie.

Sir Henry Clitherong comenzó a hablar de que el año anterior había estado en Saint Mary Mead  pero de pronto se calló. Mrs Bantry, su anfitriona, le miraba con curiosidad. Sir Henry, excomisionado de Scotland Yard , estaba pasando unos días en casa del Coronel Bantry  y su esposa, que vivían cerca de Saint Mary Meads.

Mrs Bantry, a punto de hacer la lista de convidados y teniendo en cuenta que Sir Henry conocía a la gente del año anterior, le pidió consejo sobre

sábado, 19 de febrero de 2011

Taller - Prosa a-verbal, por Andrea Lajaunie.

¿Se puede escribir un texto sin ningún verbo?
El primer texto es de Mario Vargas-Llosa, Lituma en los Andes, y el segundo es una reescritura sin verbos.

Desde niño a Pedrito Tinoco le habían dicho alunado, opa, ido, bobo, y, como siempre andaba con la boca abierta, comemoscas. No se enojaba con esos apodos porque él nunca se enojaba con nada ni con nadie. Y los abanquinos tampoco se enojaban nunca con él pues a todos terminaba por ganárselos su apacible sonrisa, su espíritu servicial y su llaneza. Se decía que no era de Abancay, que lo trajo a los pocos días de nacido su madre, la que sólo se detuvo en la ciudad el tiempo necesario para dejar a ese hijo no querido, dentro de un atadito, en la puerta de la parroquia de la Virgen del Rosario.

viernes, 18 de febrero de 2011

Taller - Dura afición esta de escribir, por Andrea Lajaunie.

Dura afición esta de escribir.

Página en blanco. Desnuda, sin tutela, sin consigna... No sabré qué decir.  Ni ideas maravillosas, ni historias de ficción fantástica, ni experiencias únicas, o divertidas, ... Y las palabras, las frases, no fluyen. Me bloqueo. 

Nada de lo que cuente tendrá interés. Si juego, si improviso, ¡qué ridículo! ¡qué poco original!. Si profundizo, ¡qué cargante! ¡qué tópico! El tema, ¡qué anodino! ¡qué vulgar! Demasiado sentimiento, cuánta pedantería, que se te escapa la moraleja...

Ni siquiera ahora , después de dos párrafos,

jueves, 17 de febrero de 2011

Taller - Descripción : Un rostro arcimboldiano, por Andrea Lajaunie.

La novia de Paco

Sin frente. Pelo, negro y crespo, dos centímetros por encima de unas cejas inexistentes pintadas en negro, de payaso listo. Ojos de cuervo.  Nariz de bruja, con unos boquetes de los que salen unos rastrojos, también negros. Boca sin apenas labios, sonrisa ratonil curvada hacia abajo, acabada en un mentón puntiagudo con cuatro pelos de escobón ralo. Todo sobre un cuello escuálido y nudoso.
Sin embargo su cuerpo está bien formado. Es menudo y con las formas justas. Si la miras por detrás... o le pones una careta... No sé..., sólo de pensar que te puede tocar con esas garras de ave rapaz... o ver esos dientes de ratón... Pero parece que a ese tonto de Paco le gusta. Y ese jersey con hilachos dorados, de lo más horroroso y hortera del mercadillo... da grima.
Además, la señora marquesa tiene un hueso en la espalda. Nació en un pueblecito  de Córdoba, de familia campesina, pero por su actitud se diría que desciende de la pata del Cid Campeador. ¡No da palo al agua! Ha pescado al tonto de Paco, pobre venido a más, que, prepotente en su ignorancia , busca presas femeninas fáciles de deslumbrar. Y él, jodido pero contento. Y ella, bruja, ratona, siempre quejándose, siempre cansada.
Cuando explica cómo la conquistó, todos miran hacia abajo, reprimen una sonrisa, maliciosa o compasiva, y cambian de tema para después reírse o sentir lástima de él. 
¡Duro peaje!.

Andrea Lajaunie

jueves, 10 de febrero de 2011

Prosa poética: Benévola anarquía, por Andrea Lajaunie.

BENÉVOLA  ANARQUÍA 

 Después de una intensa noche de  música y de copas, amanecen a las 12 del mediodía con los ojos llenos de sueño y una indeleble sonrisa.  Tras un breve desayuno de café y  bocadillo de jamón ibérico, sus pasos les llevan a la playa , agreste y desierta, de todos los veranos.

Marea baja. La rocas esparcidas, desordenadas sobre la arena blanca y suave. El mar, tranquilo. Tumbados  al abrigo  de las dunas y de la sombra verde de las montañas.  Los oídos regalados por el rumor de las olas, la piel tibia bajo el cálido sol de septiembre, los pensamientos disueltos en la brisa, retazos de palabras intermitentes... 

Son las ocho de la tarde. Y en el chiringuito, toman su blanco con nécoras y caracolillos, paladeando cada trago, sabor a mar succionado con placer y parsimonia. Recorren, despacio, el paseo marítimo, capturando los reflejos de la luna sobre el agua.

Son las cuatro de la mañana y están con su segundo gintónic  en una terraza. Entonan quedamente las canciones de toda la vida, el tiempo suspendido...

Poesía: Emulando a Walt Whitman, por Andrea Lajaunie

Ahora yo no haré más que escuchar,
A fin de insertar en mi canto aquello que escuche, para
permitirles a los puros su contribución.
Escucho el cantar sonoro de los pájaros, el murmullo del
trigal creciendo, el parloteo de las llamas, el crepitar
de las astillas en la fogata donde preparo mis alimentos;
Escucho ese son que tanto amo, el sonido de la voz humana;
Escucho todos los sones que juntos corren, combinados,
confundidos, fundidos, persiguiéndose;

EMULANDO A WHITMAN, HOJAS DE HIERBA (1885)

Escucho los rumores de las hojas secas
besando suavemente el suelo, los gritos de los niños
que se esconden, los pasos temblorosos de los viejos.
Escucho las campanas de la iglesia, el sosiego de la plaza
a mediodía, el murmullo del bar cuando anochece,
el tintineo de las ollas a través de las ventanas.
Escucho el ulular de las lechuzas, los ladridos
lastimeros de los perros en medio del silencio.
Escucho los susurros, los lamentos, los sones
de alegría, los clamores que brotan espontáneos, 
que suenan verdaderos.

Ahora  no escucharé más,
quiero aligerar de carga  mis sentidos.
No escucharé palabras huecas,
No escucharé quejas y gemidos,  salidos de
bocas mohínas, de ojos de hielo.
Ni  opiniones adobadas de aparente piedad,
ni disculpas que chirrían.
No quiero escuchar más.