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viernes, 15 de julio de 2011
sábado, 14 de mayo de 2011
domingo, 17 de abril de 2011
Última entrega de la revista digital "El Coloquio de los perros", incluyendo un relato de JC Martin.
Relato: Puesta de sol en Pusztaturpaszto
El bar, abierto las veinte cuatro horas, turbaba a veces la diferencia entre lo diurno y lo nocturno, de hecho, no podría decir si es que el día era especialmente oscuro, o la noche muy clara. Pero, al fin y al cabo, ¡qué importa! Crucé la calle, entré en el Dante Paradise y me senté frente a Dolf Lasner inmerso en un monólogo que mi presencia no interrumpió: …sin embargo, no he matado nunca a nadie, y lo lamento. También lamento no haber estado nunca en Pusztaturpaszto. No recuerdo cuando se empezaron a torcer las cosas, no recuerdo, quizá el día de la fiesta de la siega, en Rghz, el día que me dijo: ¡No lo hagas! No, no recuerdo.
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viernes, 15 de abril de 2011
Entrega XIV de la revista digital El Humo (México), incluyendo un relato de JC Martin: "¿Te acordarás de mí?".
Me detengo delante del escaparate de una ferretería. Veo el reflejo de mi hermana pasar por la otra acera y cruzar la calle. Su reflejo se hace más grande según va avanzando y se acerca a mí. Levanta la mano, acompaña su gesto de una sonrisa. Ahora da un lánguido beso a un tipo más alto que yo. Él la coge por la cintura. Entran en la ferretería. No me ha visto. De hecho, no es mi hermana, tampoco se le parece, tampoco conozco al hombre que la acompaña, tampoco es una ferretería sino una pastelería, tampoco me parezco a mí mismo y tampoco hay calle pero sí reflejo. En la pantalla de la televisión, una escena oscura, los dos personajes están en la cama, creo que haciendo el amor, no recuerdo cómo es ella, tampoco cómo es él, quizá son dos mujeres, o dos hombres. El reflejo de una chispa, mi mujer acaba de encender un cigarrillo, me pregunta si me gusta la película, le contesto que sí, me pregunta si necesito algo, le contesto que no, me dice que se va a la cama y que si quiero disfrutar de sus piernas recién depiladas, que no tarde mucho.
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miércoles, 6 de abril de 2011
Crónicas intempestivas, por Valentino Wajciechosczaf. 2011-04-06.
La pregunta era esta: “¿Cuál de estos tres nombres corresponde al autor del Quijote: a- Piqué; b- Cervantes; c- Shakira?”. La verdad es que en estos menesteres la cautela es fundamental. Se alejó un poco de la pantalla del ordenador y resolvió practicar lo que Husserl llama epokhé (no tiene nada que ver con alguna postura del Kamasutra, además se hallaba solo, lo cual, dicho de paso, reduce drásticamente el elenco de fórmulas eróticas) y se puso a pensar… Por semiosis y razón deductiva, eligió la respuesta “a”. Apareció un mensaje: “Pruebe suerte otra vez”. Dado que la “c” producía el mismo efecto mediante el mismo mensaje, no le quedaba otra que hacer un clic en la respuesta “b”. Apareció un nuevo mensaje: “¡Enhorabuena! Ha sido elegido entre 1.000.000 de usuarios para el sorteo de un Mercedes SLK”. Puede que la vida sea una caja de bombones pero desde luego da unos giros… ¡Un Mercedes! ¡SLK!
Miren, ayer me llamaba mi hermana para anunciarme que, con su cuarto marido, acababa de dar a luz a trillizos –lo que le permitía llegar al número nada desdeñable de nueve descendientes-, y que una ayudita económica por mi parte sería gratamente recibida, entonces… Ahora que he mencionado a mi hermana, permítanme un pequeño aparte sobre el tema fraternal en general y el de mi hermana en particular: a los diecisiete, se enamoró de un soldado, decidió dejar sus estudios (que, con toda seguridad, la iban a llevar como mínimo a cajera) y al poco tiempo comenzó a engendrar. En cinco años añadió cuatro nombres a su tarjeta de la seguridad social. Su marido, que había dejado el prestigio del uniforme por el prestigio de las familias numerosas, entró en Wasp’wash Ldt. como ideólogo de superficie (lo que viene a ser algo como recoge mierda, pero en fino) con derecho a la palabra, o mejor dicho a “las” palabras, que eran tres y se organizaban de la manera siguiente:
Sí ↘
Señor
No ↗
Pero no se quejaba e ideologizaba ocho horas al día antes de volver a casa y dejar que fuera mi hermana quien tomara las riendas de las actividades cerebrales. No, no se quejaba nunca, es más, acudía al trabajo con buen humor y unas palabras amables para sus compañeros de superficies. Además sabía que podía contar con el apoyo de la plantilla, las inocentes bromas y el acto anual de la empresa que organizaba, según los carteles repartidos por todas partes, una Cena de Id. (las malas lenguas, que son muchas y siempre dispuestas a soltar disparates, decían que era una cena de Idiotas; las otras, no tan malas pero tampoco compasivas, hablaban de una cena de Identificación; y las buenas, que son pocas y siempre discretas, se decantaban por una cena de Idiosincrasia). En fin, supongo que la Wasp’wash Ldt. era para mi cuñado como una segunda casa, con la tremenda ventaja de no tener que aguantar a mi hermana que, después de sus cuatro puestas, cantaba de sol a sol – con esto no quiero decir que su tesitura era de una sola octava-, y cantaba peor que un gallo encallado. Sí, ella sí que empezó a quejarse. A mi hermana no le bastaba la triste nómina que traía su marido a casa a final de mes. Le buscó más y más superficies de fin de semana –fueran ideológicas o no-, y le llenó la cabeza de promesas de felicidad basada sobre el bienestar fiduciario. Utilizó argumentos contundentes: “¡Si no sales de desgraciado gilipollas, te dejo!”; manejó el frío y el calor: “¡Si no sales de desgraciado gilipollas, nada de trikitriki!”; hasta atacó su lado más sentimental: “¡Si no sales de desgraciado gilipollas, me mato!”. Y un día (no este, sino aquel), agotado, asfixiado, estrangulado por tantas y tantas ideologías, mi cuñado comunicó a su Dulcinea el deseo de mandarla al carajo. Mi hermana le plantó su tenedor en la mano. El tenedor atravesó su mano y vino a clavarse en la mesa, de pino, de Ikea, y de reciente adquisición. El ideólogo liberó de inmediato la casi completa lista de variaciones sobre la entrada del diccionario “Me cago en la puta”, retiró el tenedor de su mano y se lo devolvió a mi hermana, básicamente en la yugular. Ambos sangraban, gritaban, maldecían y subieron a su Renault Kangoo customizado, camino al hospital donde tuvieron que aclarar el origen de sus respectivas heridas (explicaron que mientras ella estaba preparando creps –completos, con tomate, champiñones, salchichas de cerdo, huevos fritos y queso rallado-, él, emocionado por el balanceo del trasero de su esposa delante de las placas de cocina, eléctricas, de Ikea, y de reciente adquisición, se acercó para probar un coitus interruptus. Ella no se negó, pero en el momento cumbre, cuando el equilibrio de su entremezcla se había vuelto incierto, quiso asegurarse el cielo mediante un punto de apoyo a la altura de sus expectativas espaciales. Iba a clavar el tenedor que tenía en mano en la madera de la encimera pero dicho tenedor encontró desafortunadamente sobre su camino la mano de su marido…). La osadía de su discurso no dejó a nadie indiferente. Llegó la policía… Lo que viene a continuación ya lo conocen.
-¿Cómo?
- Pues sí, ya lo acabo de escribir.
-¿Qué pasó con la policía?
-Esto no importa.
-¿Qué hay de su “aparte sobre el tema fraternal en general”? ¿No le parece que si anuncia algo, tendría que corresponder a las expectativas que crea?
-En absoluto.
-¿Y se puede saber el por qué?
-¡Porque me da la gana!
-Profunda respuesta…
-No hay otra.
-¡Siento decírselo, pero usted tiene un morro! Se suponía que la vida daba unos giros…
-Sí, los que mandé a mi hermana para su alumbramiento triple.
-¿Y qué pasó con el Mercedes SLK?
-¡Qué sé yo!
-Es usted un embustero, un mentiroso, un… un…
-¿Quiere un sinónimo?
-Su crónica no tiene ni pies ni cabeza.
-Esto, lo dirá usted.
-Sí, exacto, lo digo yo.
-Bueno.
-¡De bueno, nada!
-¡En fin!
-¡Eso!
-¡Eso qué!
-Pues, se acabó.
-Pues, vale.
-Vale.
En fin, como dice mi compadre Nene: “Siempre nos quedarán Stephen King y أبو الوليد محمد بن أحمد بن محمد بن رشد”.
Puede que continúe…
lunes, 4 de abril de 2011
Última entrega de la revista digital Herederos del Kaos (Venezuela), abril 2011, incluyendo un relato de JC Martin ("Intercambio alma, poco uso").
http://herederosdelkaos.com/portada.aspx

Intercambio alma, poco uso

Al abrir el periódico, se encontró con un anuncio un tanto extraño: Vendo mi Alma, poco uso, o intercambio con algo que me interese, seguido por un número de contacto. Dos preguntas surgieron de inmediato: ¿Qué haría yo con su alma? ¿Qué le podría dar a cambio? Mientras cavilaba tintineó el teléfono:
-¡Sí, dígame!
-¿Es usted la señora de la casa?
-No, no hay señora en la casa.
-Buenos días, Señor. Mi nombre es Ángela Santos y le llamo desde Ades Directo para ofrecerle de manera totalmente gratuita nuestro catálogo.
-¿Qué me quiere vender?
-No vendemos nada, Señor, sólo le mandamos nuestro catálogo.
-Pero supongo que manda su catálogo para vender algo.
-No, Señor, sólo queremos brindarle la oportunidad de consultar nuestro catálogo, de forma completamente gratuita. Un repartidor nuestro se lo llevará en persona a su casa.
-Pero, ¿me puede decir lo que vende?
-No vendemos nada, Señor, sólo le mandamos de forma absolutamente gratuita nuestro catálogo.
-A ver, ¿no me quiere decir lo que contiene su catálogo?
-Por supuesto, Señor, es un catálogo muy completo de los Congelados Ades, y le recuerdo, Señor, que se lo mandamos de…
-¡Entonces, sí que me quiere vender algo, me quiere vender congelados!
-Le repito, Señor, que no vendemos nada, sólo le brindamos la pos…
-¿Me toma usted por un necio?
-Le aseguro, Señor, que sólo…
-¡Así que me quiere mandar un catálogo, con fotos de congelados, supongo también que con los precios de sus productos y me sostiene que no me quiere vender nada!
-No, Señor, no vendemos nada, solo le mandamos, de forma ventajosamente gratuita, nuestro catálogo.
-Lo que decía, me toma usted por un imbécil, porque mire, libros en mi casa, tengo, y quiere que añada su dichoso catálogo a mi biblioteca, porque si no vende nada, será que opina que su catálogo puede formar parte de mi…
-Disculpe, Señor, quizá no me haya explicado bien del todo, pero es sencillamente la oportunidad que le brindamos, desde Congelados Ades, de…
-¡Y me sigue sosteniendo que no vende nada!
-Sólo le brind…
-¡Váyase al diablo!
Para seguir leyendo;
sábado, 2 de abril de 2011
Nueva entrega de la revista digital NARRATIVAS incluyendo un relato de JC Martin.
Para descargar la revista:
Núm. 21
ISSN 1886-2519
Coordinador: Carlos Manzano
● Ensayo
Las voces narrativas en “El hereje” o la novela vital, por Pablo Lorente Muñoz
En busca de localidades que valgan: el enigma del individuo en Montoya y Azuela, por Michael Abbott
Jeannie Deans: La heroina de las “Waverley Novels”, por Enrique García Diaz
“El Común Olvido”: ¿Una crítica al discurso nacionalista?, por Soledad Mocchi
En busca de localidades que valgan: el enigma del individuo en Montoya y Azuela, por Michael Abbott
Jeannie Deans: La heroina de las “Waverley Novels”, por Enrique García Diaz
“El Común Olvido”: ¿Una crítica al discurso nacionalista?, por Soledad Mocchi
● Relatos
Inescrutables itinerarios del odio, por Olga Bernad
Cuando estamos en casa, por Fernanda Trías
El experimento Niklaus. Estado de la cuestión, por José Mª González Serna
En la isla, por Alejandra Darriulat
Cardinal, por Lucía Lorenzo
Los inquilinos, por Juan Ramírez Biedermann
Nada por aquí, por Fernando García Maroto
Microrrelatos, por Rosana Alonso
El extraño caso de polífono y lo que con él sucedió, por José Agustín Solórzano
Los padres, por David Bombai
Entrevista virtual a Dostoievsky, por Víctor Montoya
Pledge, por DrK
Inconveniente, por Enrique Pérez Rodríguez
El peligroso lado oscuro de la soledad, por Jonatan Frías
Microrrelatos, por Pedro Peinado Galisteo
La vaca tuerta, por Ramón Araiza Quiroz
La palabra, por Gabriel Guerrero
Wolf, por Luis Topogenario
Correspondencia nicaragüense (VIII), por Berenice Noir
Dos pájaros de un tiro, por Carlo Reátegui Avilés
La pala roja, por Jorge Serra
Ultracortos, por Daniel Sánchez Bonet
A golpe de templanza, por JC Martin
Relatos, por Iria López
Alma y su pequeño león, por María Aixa Sanz
Control, por Pablo Llanos
Cuando estamos en casa, por Fernanda Trías
El experimento Niklaus. Estado de la cuestión, por José Mª González Serna
En la isla, por Alejandra Darriulat
Cardinal, por Lucía Lorenzo
Los inquilinos, por Juan Ramírez Biedermann
Nada por aquí, por Fernando García Maroto
Microrrelatos, por Rosana Alonso
El extraño caso de polífono y lo que con él sucedió, por José Agustín Solórzano
Los padres, por David Bombai
Entrevista virtual a Dostoievsky, por Víctor Montoya
Pledge, por DrK
Inconveniente, por Enrique Pérez Rodríguez
El peligroso lado oscuro de la soledad, por Jonatan Frías
Microrrelatos, por Pedro Peinado Galisteo
La vaca tuerta, por Ramón Araiza Quiroz
La palabra, por Gabriel Guerrero
Wolf, por Luis Topogenario
Correspondencia nicaragüense (VIII), por Berenice Noir
Dos pájaros de un tiro, por Carlo Reátegui Avilés
La pala roja, por Jorge Serra
Ultracortos, por Daniel Sánchez Bonet
A golpe de templanza, por JC Martin
Relatos, por Iria López
Alma y su pequeño león, por María Aixa Sanz
Control, por Pablo Llanos
Microrrelatos, por Ricardo Álamo González
● Novela
Marea de sangre (Capítulo I), por José Luis Muñoz
● Narradores
Leopoldo de Trazegnies Granda
● Miradas
Destinos literarios: Óxford, por Carlos Pérez Vaquero
Jaroslav Seifert, poeta por excelencia, por Víctor Montoya
Caminos de futuro de la literatura infantil y juvenil a través de los premios SM 2010: “Historia de un segundo” de Jordi Sierra i Fabra y “Mujer mirando al mar” de Ricardo Gómez, por Pablo Lorente Muñoz
Jaroslav Seifert, poeta por excelencia, por Víctor Montoya
Caminos de futuro de la literatura infantil y juvenil a través de los premios SM 2010: “Historia de un segundo” de Jordi Sierra i Fabra y “Mujer mirando al mar” de Ricardo Gómez, por Pablo Lorente Muñoz
● Entrevista
Nerea Riesco y su Elefante de marfíl, por José Luis Muñoz
● Reseñas
“Todo nada” de Brenda Lozano, por Rolando Ramiro Vázquez Mendoza
“Los libros de plomo” de Fernando Martínez Laínez, por José Luis Muñoz
“Suegras. Relatos breves sobre el gran enemigo” de VV.AA, por Luis Borrás
“Historias de locos” de Miguel Sawa, por María Dubón
“El oficinista” de Guillermo Saccomanno, por José Luis Muñoz
“Marea de sangre” de José Luis Muñoz, por Carlos Manzano
“La balada del trampero sentimental” de Damián Torrijos, por Luis Borrás
“Ángeles negros” de José Vaccaro Ruiz, por José Luis Muñoz
“Crónicas del desamor” de Elena Ferrante, por María Aixa Sanz
“El elefante de marfil” de Nerea Riesco, por José Luis Muñoz
“Alarido de Dios” de José Miguel Vilar Bou, por Óscar Bribián
“Fall River” de John Cheever, por José L. Muñoz
“Niños en su cumpleaños” de Truman Capote, por María Aixa Sanz
“La hija de Cleopatra” de Michelle Moran, por José Luis Muñoz
“La logia de los anillos de amatista” de Jorge Colombo, por Iris Uribarri
“Los libros de plomo” de Fernando Martínez Laínez, por José Luis Muñoz
“Suegras. Relatos breves sobre el gran enemigo” de VV.AA, por Luis Borrás
“Historias de locos” de Miguel Sawa, por María Dubón
“El oficinista” de Guillermo Saccomanno, por José Luis Muñoz
“Marea de sangre” de José Luis Muñoz, por Carlos Manzano
“La balada del trampero sentimental” de Damián Torrijos, por Luis Borrás
“Ángeles negros” de José Vaccaro Ruiz, por José Luis Muñoz
“Crónicas del desamor” de Elena Ferrante, por María Aixa Sanz
“El elefante de marfil” de Nerea Riesco, por José Luis Muñoz
“Alarido de Dios” de José Miguel Vilar Bou, por Óscar Bribián
“Fall River” de John Cheever, por José L. Muñoz
“Niños en su cumpleaños” de Truman Capote, por María Aixa Sanz
“La hija de Cleopatra” de Michelle Moran, por José Luis Muñoz
“La logia de los anillos de amatista” de Jorge Colombo, por Iris Uribarri
● Novedades editoriales
viernes, 1 de abril de 2011
Crónicas intempestivas, por Valentino Wajciechosczaf. 2011-04-01.
Esta mañana, al despertarme, he visto mucho sol, he visto la primavera y me he sentido conmovida con enormes deseos de volver a mi lugar natal. Esta frase, la pronuncia Olga, una de las tres hermanas de la obra epónima de Chejov. Con la primavera, también vemos llegar los concursos literarios, los certámenes poéticos y toda una lírica amorosa que parece volver “a [su] lugar natal”, básicamente el de la ñoñería, de los buenos sentimientos y de la “elevación del alma”, de las almas gemelas, de los corazones, de las mentes enamoradas con el mar como telón de fondo, un decorado amenizado por el viento rozando cuerpos desnudos sobre arenas calientes. Con esto tenemos configurada la postal primaveral que nos servirán aliñada mediante un largo etcétera de lugares comunes y de metáforas más gastadas que unas promesas electorales. Lo cierto es que las flores brotan en los versos de tantos poetas a lo largo de la historia que más de un jardín botánico se podría diseñar con ellas. Aunque no sienta una atracción especial por las manifestaciones vegetales, sí que me llama la atención la relación que existe entre el ser humano y su referente silencioso y odorífero, sobre todo cuando se trata de determinar el estado civil de su rebaño particular. ¿Cuántas Acacia, Acantha, Adelfa, Alhelí, Amapola, Amarilis, Azalea, Azucena, Celidonia, Dalia, Edelweiss, Eglantina, Gardenia, Gladiola, Hortensia, Iris, Jacinta, Lavanda, Lirio, Magnolia, Margarita, Narcisa, Orquídea, Rosa, Verónica, Violeta, Zinnia, cuántas? Sin embargo, y (casi) todo bien considerado, mucho más agradable es llamarse Jacinto o Narciso que Adolfo Hitler Flores de Valgas Alava, tal como lo encontramos en Chone, un pueblo de 20.000 habitantes situado en lo más profundo de Ecuador (si alguien tiene curiosidad por este pueblo y su ilimitada imaginación bautismal, pedid un deseo a santo Google, os responderá).
Sí, llega la primavera. Y también Antonio Vivaldi. Pero el muy bribón se las veía venir y compuso música para las cuatro estaciones, como para no tener huecos en su agenda. Sin embargo su primavera suele enternecer los corazones, y también las almas. ¡Ah, Le sacre du printemps!
En mi adolescencia, conocí (intentaba, no siempre con éxito, que fuese lo más bíblicamente posible) varias Verónicas. La primera estaba convencida de que su nombre se debía a la admiración de su padre por un famosísimo torero experto en este pase de capote que, según mi compadre Nene (ferviente admirador, sabio y enciclopédico conocedor del tema), tiene una relación estrecha con la tradición cristiana que nos cuenta cómo Verónica, durante el camino al Gólgota, enjugó el rostro de Jesús de Nazaret con un paño, dejando este último su imagen impresa en la tela. La relación entre la tauromaquia y la Verónica católica se debe a la similitud entre el gesto de Verónica con el paño y el movimiento del torero con el capote. De hecho, la estatua que se encuentra en la basílica San Pedro del Vaticano demuestra, no sólo que los disfrazados de las plazas taurinas no han inventado nada, sino que Verónica tenía ya cierta predisposición para engañar a los toros. “Mi” segunda Verónica nació en Benavente, en la provincia de Zamora, y su nombre se debe, según me contó, a la devoción de toda su familia por la Santa que se airea una vez al año durante la Magna Procesión del Santo Entierro el Viernes Santo. Hay que ir buscando el origen del nombre de la tercera Verónica en la desoladora pasión de su madre por un coctel llamado Bloody Mary que, por lo que he entendido, se conoce en España como María la paralítica o -y que nadie me pregunte el por qué- Verónica. La historia tendría algo que ver con un espíritu o un fantasma que aparece al pronunciar tres veces su nombre frente a un espejo. Personalmente, me pierdo un poco, y entre María la sangrienta, María la paralítica, la santa Verónica del Vía Crucis, la de Benavente y la de Roma empiezo a perder mi latín, mi cultura bíblica, mis nociones de tauromaquia y el hilo de esta crónica. Sin embargo, me he dejado a la cuarta Verónica en el tintero.
Un día (no este, sino aquel), la cuarta Verónica me dijo: “Llámame Rosa”. Al preguntarle el por qué, me contestó con una asombrosa naturalidad: “Ambiciono ser una chica picante, y la Verónica no da la talla”. Le devolví la réplica con los primeros versos de una poesía francesa aprendida (y copiada, a modo de castigo, cien veces por no sabérmela) en el colegio:
Mignonne, allons voir si la rose
Qui ce matin avoit desclose
Sa robe de pourpre au Soleil,
A point perdu ceste vesprée
Les plis de sa robe pourprée,
Et son teint au vostre pareil.
Sa robe de pourpre au Soleil,
A point perdu ceste vesprée
Les plis de sa robe pourprée,
Et son teint au vostre pareil.
Me pidió que se lo tradujera, pero tuve que admitir que no tenía la menor idea y que aparte de las palabras “rose” y “soleil”, lo demás me era tan oscuro como la razón de los nombres de flores para las chicas, las coreografías de Pina Bausch, las palabras rusas Весна священная, y la música de Stravinski. Supongo que le decepcionó mi ignorancia del idioma galo. Nunca más la vi. La quinta y última Verónica era todo un poema. Le apasionaban la música medieval, las carreras de caballos, las faldas plisadas (¡!), los caramelos de bergamota, la luna llena y… la primavera. Se le saltaban las lágrimas al escuchar los versos de Rafael Morales:
Era una noche azul; la primavera
inundaba mis sienes y mis manos,
y era el mundo, muchacha, un fruto inmenso,
cálido, abierto, mudo y entregado.
inundaba mis sienes y mis manos,
y era el mundo, muchacha, un fruto inmenso,
cálido, abierto, mudo y entregado.
o de Machado:
La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil...
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil...
A pesar de ser un poema en el cual el autor nos habla de su juventud sin amor, Verónica se quedaba con el beso de los dos primeros versos y me iba repitiendo una y otra vez: “Sé mi primavera, seré tu arboleda”. La verdad es que su arboleda… ¡En fin! Y abría un pequeño cuaderno con un candado dorado para leerme las poesías que copiaba. Todas, sin excepción, hablaban de la primavera: Rubén Darío, “¡Divina Estación! ¡Divina / Estación! Sonríe el alba / más dulcemente. La cola / del pavo real exalta / su prestigio. El sol aumenta / su íntima influencia; y el arpa / de los nervios vibra sola. / ¡Oh, Primavera sagrada!”; Constantino Cavafis, “La primavera entra en mí, oh alegría verdadera. / La risa es como un rayo de sol, todo de oro puro, / no hay otro jardín como el del amor”. Cuando pensaba su recital acabado, y mi recompensa por tan atento aburrimiento cercana (nadie pensará que sólo me empujaba mi amor al arte, además he aludido ya a su arboleda) ella encontraba una nueva página con un nuevo poema. Extasiada, la mirada berniniesca, respiraba hondo y seguía:
Mis nervios están locos, en las venas
la sangre hierve, líquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.
Tengo deseos de reír; las penas
que de donar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.
El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera.
Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera.
la sangre hierve, líquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.
Tengo deseos de reír; las penas
que de donar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.
El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera.
Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera.
Una vez finalizada su lectura, comentaba: “Alfonsina Storni es como miel para el alma”. Se acercaba para susurrarme al oído: “¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera, / el secreto de la primavera”. Aunque hubiese sido sin duda muy contraproducente -eróticamente hablando-, ¡cómo me hubiera gustado acudir a Wittgenstein para contestarle: “De lo que no se puede hablar hay que callar”! Opté por otra táctica. Un día (sí, aquel), harto ya de tantos versos maravillosos, decidí también apuntar algunas poesías y una tarde (la de aquel mismo día), bajo la suave cabellera de un sauce lentamente balanceada por un delicioso y cálido viento, le leí los siguientes versos:
Abril es el mes más cruel: engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
recuerdos y anhelos, despierta
inertes raíces con lluvias primaverales. T.S. Eliot
¡De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera!
(Yo, muriendo.) Nicolás Guillén
Cuando venga la Primavera,
si ya estuviera muerto,
las flores florecerán de la misma manera
y los árboles no serán menos verdes que en la primavera pasada.
La realidad no precisa de mí. Fernando Pessoa
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera!
(Yo, muriendo.) Nicolás Guillén
Cuando venga la Primavera,
si ya estuviera muerto,
las flores florecerán de la misma manera
y los árboles no serán menos verdes que en la primavera pasada.
La realidad no precisa de mí. Fernando Pessoa
Pues, no relataré cómo acabó la tarde, no, me limitaré a decir que, al igual que la realidad pessoana, Verónica no precisó más de mí. Así acabaron mis andanzas por la saga de las Verónicas, las arboledas, los sauces llorones, las almas gemelas, los jardines del amor, y puede que, también, de Vivaldi. Desde entonces, cada vez que me cruzo con una mujer de florido nombre, me tomo un cargamento de antihistamínicos -como mínimo para sobrevivir a la invasión de los corazones en todas sus formas de polinización primaveral-, doy media vuelta y estornudo con el escritor colombiano Alonso Sánchez Baute: ¡Al diablo la maldita primavera!
En fin, como dice mi compadre Nene: “Siempre nos quedarán Corín Tellado y Abū l-Walīd Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushd”.
Continuará… o no.
martes, 22 de marzo de 2011
Crónicas intempestivas, por Valentino Wajciechosczaf. 2011-03-22.
Adoro leer los diarios de artistas. Es como probar, durante un tiempo, la camisa de otro, o, según el individuo, sus zapatillas, su pijama, su traje de cosmonauta o su tanga. Muchos autores suelen hablar de la dificultad de serle fiel al proyecto inicial que no es otro que mantener un rumbo lo más regular posible. Paul Valéry escribió su diario durante cuarenta años, cada día, de las cuatro a las ocho de la mañana. En cambio, otros son mucho más dados a los saltos, en el tiempo -según el humor o la necesidad-, en la geografía -real o imaginaria-, y van escribiendo como una mujer embarazada necesitando comer fresas a las cuatro de la madrugada (no me ha pasado nunca pero tiene que fastidiar). En este caso, la gran diferencia es que el diarista no tiene que despertar a ningún genitor para encontrar esta deliciosa planta perenne de la familia de las Rosáceas en medio de la noche. El diario es un género tan amplio que cuesta proponer una definición (por si alguien la quiere), puede que no sea más que una extensión del yo y una manera de combatir lo que Cioran llamaba la caída en el tiempo. Bueno, tomar una caña con unos amigos también… Admitamos que nos encantan las vidas ajenas, más aún si se trata de seres que, de una manera o de otra, han abierto una brecha en nuestro encarcelamiento existencial lleno de obligaciones, responsabilidades, imposibilidades, y un largo etc., tan tremendo como terrorífico.
Sí, adoro zambullirme en estos escritos que son la vida misma, su respiración, su crispación, su deseo de existir, su desesperación, hasta su asfixia. Hago como un paréntesis en mi propia vida, y me instalo para ver desfilar las sombras chinas de los demás. De repente existo de un modo nuevo, casi intacto. Como si hubiera firmado un pacto de no intervención y de no presencia. Sin embargo no tiene nada que ver con el cine o la novela: no soy un espectador pasivo e infantilizado en el primer caso, y no me identifico con un héroe de ficción en el segundo. La gran diferencia radica en el pacto tácito que existe entre el autor y el lector, un pacto de veracidad. En lo que se refiere a los varios tipos de escritos autobiográficos (memorias, autorretrato, etc.), el diario de artista tiene una especie de plusvalía por su contexto y su contenido: la creación, el poïen o la poïesis, es decir el hacer. En El Banquete, Platón define la poïesis como “la causa que convierte cualquier cosa que consideremos de no-ser a ser”. En el mismo diálogo, Diotima habla de la lucha por la inmortalidad directamente en relación con tres tipos de poïesis: “natural a través de la procreación sexual, en la ciudad a través de la consecución de la fama heroica y, por último, en el alma mediante el cultivo de la virtud y el conocimiento." Dejaremos por hoy el primer punto porque, quizá más que buscar la inmortalidad, la procreación, según lo sugería Simenon, es una manera de crearse jueces y de vivir sin intermedio en una sala de audiencia (los abogados y demás gente de disfraz oscuro me entenderán). En cambio, las ideas de fama, virtud y conocimiento están directamente relacionadas con mi tema en el sentido de una trinidad de frecuente infidelidad entre las partes. Pero ¿qué busca el diarista y por qué el lector necesita creer que lee la verdad del otro? En su Dietario voluble (2008), Enrique Vila-Matas escribe:
domingo, 20 de marzo de 2011
Queridos monstruos, por J.-C. Martin
Dedico esta pequeña muestra a mi amiga Marina.
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Amiens - Catedral
Amiens - Catedral
Angers - Cathédrale - Vie de Saint Éloi
Angers - Tapisserie de l'Apocalypse
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Jean-Christophe Martin
martes, 15 de marzo de 2011
Crónicas intempestivas, por Valentino Wajciechosczaf. 2011-03-15.
¡Cumpleaños feliz! cantan los especialistas en desafinación. ¿Estamos tan seguros del sentido del término “felicidad” que podemos desearla a los demás? ¿Cumplir años da la felicidad?, ¿participa en ella?, ¿se supedita a ella? Además, ¿qué señala este día que llamamos “cumpleaños”? ¿Acaso hemos hecho algo para nacer? Quizá lo que invocamos cuando levantamos una copa burbujeante sea la pérfida caída en el tiempo que, por cobardía o miedo a lo desconocido, nos hace durar y apilar, año tras año, los elementos de una secuencia matemática irreductible. Más que la valentía, puede que celebremos la indolencia y la vertiginosa incapacidad de hacer otra cosa que apostar por el paso del tiempo.
Dejaré de lado la opinión de los que invocan un plan divino, el de una potencia superior y cuya voluntad no se cuestiona; también dejaré apartada la idea de reencarnación o de vidas pasadas, porque si no acudimos a esas parafernalias del más allá, a esas consoladoras promesas, nos encontramos metidos en un aquí y en un ahora que tiene escapatorias por lo menos escasas. Entonces, si Dios ha muerto (¡snif!) y Nietzsche lo ha matado (¡Será malo el Friedrich ese!), pues, ¿qué es lo que nos queda? ¿Buscar la felicidad?
jueves, 10 de marzo de 2011
Crónicas intempestivas, por Valentino Wajciechosczaf. 2011-03-10.
Mi madre tiene una gata o, mejor dicho, una gata tiene a mi madre. ¿Qué pasa cuando un animal se convierte en el más próximo horizonte de existencia de una persona? Jean-Paul Sartre tenía esta frase: “Cuando se quiere demasiado a los animales y a los niños, se les quiere en contra de los hombres”. Recuerdo que un día (no este, sino aquel), en un parque zoológico, apareció un hombre que tenía a su hijo atado a una especie de correa acabada, a modo de collar, en cuatro partes que le cinchaban el pecho, lo que provocó el comentario de mi compadre Nene: “¡Otro que no pudo tener perro!”. Para añadir un elemento al tema, confesaré que durante unos meses trabajé en una empresa dedicada a la comida para perros y gatos. Esta empresa – de cuyo nombre no quiero acordarme-, disponía, para elaborar sus productos y sus estrategias comerciales, de un elenco muy variado de razas, tamaños, pesos de animales que los empleados llamaban los Invitados. Era evidente que antes de poner en acción sus mensajes publicitarios destinados a los dueños, tenían que satisfacer el olfato y las papilas gustativas de sus Invitados. Pero tanto en la manera de referirse a ellos como en el trato que les reservaban, los Invitados no distaban mucho de recibir un cuidado que muchos humanos acogerían más que gustosamente.
La relación entre seres humanos y animales, cuando no se trata de una relación únicamente basada sobre la alimentación, suele ser por lo menos curiosa.
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Jean-Christophe Martin
martes, 1 de marzo de 2011
Última entrega de la revista de filosofía "A Parte Rei. 74. Marzo 2011".
http://serbal.pntic.mec.es/AParteRei/page84.html
Reseñas Paso a paso. Razones para subir montañas. Carlos Muñoz Gutiérrez. Un vienés leyendo a Heráclito: sobre la actualidad francesa de Theodor Gomperz por Nemrod Carrasco Sylvie Weil. En casa de los Weil, André y Simone por Rafael Amela Rueda Y el cerebro creó al hombre de Antonio Damasio por Luis Roca Jusmet Redes y obstáculos de Luis Roca Jusmet por Pere Saborit
En este número encontraréis el siguiente sumario:
La concepción aristotélica de la vida contemplativa en algunos magistri artium del siglo XIII. Violeta Cervera Novo. Las épocas de crisis: Walter Benjamin y la Escuela de Frankfurt. Yvonne Le Meur. Un Vistazo al futuro del Pragmatismo. Joseph Margolis. Nihilismo y moral de límites en Albert Camus. Luis G. González García. Acontecimiento y natalidad en Claude Romano. Miguel Ahumada Cristi. ¿Qué es un dispositivo?: Foucault, Deleuze, Agamben. Luis García Fanlo. Derecho, Verdad y Poder en la teoría político-jurídica de Michel Foucault. Rafael Enrique Aguilera Portales y Joaquín González Cruz. La vida. Informe de una investigación sobre Jacques Derrida. Érika Molina La preocupación por el tiempo en la china antigua: El Xiàxiaozhèng, el Tiangandìzhi y el Yìjing. Gabriel Terol Rojo Bernard Stiegler, “El deseo singular”. Conversación con Jean-Christophe Planche. Traducción de Jean-Christophe Martin La Neurociencia Computacional en Churchland y Sejnowski. Asier Arias Domínguez Nasrudín: un maestro de la vía negativa. Oscar Brenifier Zubiri, el conocimiento y la política. Pablo Arias Cáceres La estética fotográfica en el paso a la digitalización. Cuarta parte. La estética de la imagen fija en general. Alberto J. L. Carrillo Canán y María de Lourdes Gómez Mendoza.
Reseñas Paso a paso. Razones para subir montañas. Carlos Muñoz Gutiérrez. Un vienés leyendo a Heráclito: sobre la actualidad francesa de Theodor Gomperz por Nemrod Carrasco Sylvie Weil. En casa de los Weil, André y Simone por Rafael Amela Rueda Y el cerebro creó al hombre de Antonio Damasio por Luis Roca Jusmet Redes y obstáculos de Luis Roca Jusmet por Pere Saborit
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Crónicas intempestivas, por Valentino Wajciechosczaf. 2011-03-01.
¡ Socorro¡ Tengo un hijo adolescente (21 Edición, 2004) es el título de uno de esos libros cuyo propósito consiste en decirnos que no estamos solos, que nada está nunca perdido y que si tenemos el reflejo correcto (básicamente comprar dicho libro) no podemos sino ir a mejor (entendiendo que, de no hacerlo, lo peor es nuestra más inmediata perspectiva). Pero aquí no se acaba el título: Guía de supervivencia para padres desesperados. Así que el libro es para “padres desesperados” (es decir, la mayoría), trata de “supervivencia” (es decir, de salvación) y nos tranquiliza, dado que
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Jean-Christophe Martin
domingo, 27 de febrero de 2011
Revista: Entrega XIII de la revista El Humo.
· UN POCO DE: Yeath y la exaltación de la palabra por Nohemí Sosa Reyna.
· LIBROS de Ángeles Mastretta
· VIDEOS Sombras Quemadas y un poema a la madre.
· VOZ PROPIA de Laura Canoura
· NOTICIAS Y EVENTOS Información variada.
ROMINA CAZÓN
Revista EL HUMO
Cel: 442 - 264 95 37
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