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lunes, 31 de octubre de 2011

Una pincelada de...: Nina Berberova

Nina Berberova
El subrayado es mío
Título original: Kypcjm MOJÍ
PRÓLOGO
DE LA AUTORA A LA EDICIÓN FRANCESA DE SU BIOGRAFÍA

Busco la palabra exacta. Hace tiempo que la busco. Al principio, la buscaba en ruso; luego, pensé: basta, nunca la encontraré, el ruso no me servirá, me perderé en románticas aproximaciones y en eufemismos. En cambio, el francés me parecía muy preciso, incluso demasiado preciso para mí, sumida en la vaguedad... Sin embargo, esa palabra, una palabra exacta, sólida, acerada, debía existir. Dicen que, el siglo venidero, en que la esperanza de vida se cifrará en los ciento cincuenta años, el hombre no sólo olvidará el nombre de sus abuelos sino también el de sus padres. Si algún día conocí la palabra que busco, ¿cómo he podido olvidarla?
He viajado mucho. Mi larga vida se divide en tres partes, como la Galia de Julio César (aunque nuestras preocupaciones no sean las mismas). Pasé algo más de veinte años en un país que, en aquella época, se llamaba Rusia; casi veinticinco en otro que sigue llamándose Francia y, para terminar, unos cuarenta años en un tercero: Estados Unidos. Sin embargo, si Julio César (no creáis, General, que tengo la osadía de compararme a su persona... ¡sólo faltaría!) se preocupó por el espacio, yo, que escribo estas líneas, he vivido siempre obsesionada por el tiempo, que no se puede comprar, ni robar ni falsificar.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Una pincelada de... : Vicente Aleixandre, La Destruccion O El Amor

NOCHE SINFÓNICA
La música pone unos tristes guantes,
un velo por el rostro casi transparente,
o a veces, cuando la melodía es cálida,
se enreda en la cintura penosamente como una forma de hierro.
Acaso busca la forma de poner el corazón en la lengua,
de dar al sueño cierto sabor azul,
de modelar una mano que exactamente abarque el talle
Copyright © Free Librosy si es preciso nos seccione como tenues lombrices.
Las cabezas caerían sobre el césped vibrante,
donde la lengua se detiene en un dulce sabor a violines,
donde el cedro aromático canta
como perpetuos cabellos.
Los pechos por tierra tienen forma de arpa,
pero cuán mudamente ocultan su beso,
ese arpegio de agua que hacen unos labios
cuando se acercan a la corriente mientras cantan las liras.
Ese transcurrir íntimo,
la brevísima escala de las manos al rodar:
qué gravedad la suya cuando, partidas ya las muñecas,
dejan perderse su sangre como una nota tibia.
Entonces por los cuellos dulces melodías aún circulan,
hay un clamor de violas y estrellas
y una luna sin punta, roto el arco,
envía mudamente sus luces sin madera.
Qué tristeza un cuerpo deshecho de noche, qué silencio,
qué remoto gemir de inoíbles tañidos,
qué fuga de flautas blancas como el hueso
cuando la luna redonda se aleja sin oído.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Una pincelada de... : Guy Debord, La Sociedad del espectáculo (1967)

El espectáculo en general, como inversión concreta de la vida, es el movimiento autónomo de lo no-viviente.

Capítulo 1:

La separación consumada

"Y sin duda nuestro tiempo... prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser... lo que es 'sagrado' para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano es la verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado."

FEUERBACH, prefacio a la segunda edición de La esencia del Cristianismo.


1

Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación.

2

Las imágenes que se han desprendido de cada aspecto de la vida se fusionan en un curso común, donde la unidad de esta vida ya no puede ser restablecida. La realidad considerada parcialmente se despliega en su propia unidad general en tanto que seudo-mundo aparte, objeto de mera contemplación. La especialización de las imágenes del mundo se encuentra, consumada, en el mundo de la imagen hecha autónoma, donde el mentiroso se miente a sí mismo. El espectáculo en general, como inversión concreta de la vida, es el movimiento autónomo de lo no-viviente.

3

El espectáculo se muestra a la vez como la sociedad misma, como una parte de la sociedad y como instrumento de unificación. En tanto que parte de la sociedad, es expresamente el sector que concentra todas las miradas y toda la conciencia. Precisamente porque este sector está separado es el lugar de la mirada engañada y de la falsa conciencia; y la unificación que lleva a cabo no es sino un lenguaje oficial de la separación generalizada.

lunes, 15 de agosto de 2011

Una pincelada de... : Homero, La Odisea


CANTO X

LA ISLA DE EOLO.

EL PALACIO DE CIRCE LA HECHICERA

Arribamos a la isla Eolia, isla flotante donde habita Eolo Hipótada[SC1] , amado de los dioses inmortales. Un muro indestructible de bronce la rodea, y se yer­gue como roca pelada.
«Tiene Eolo doce hijos nacidos en su palacio, seis hijas y seis hijos mozos, y ha entregado sus hijas a sus hijos como esposas. Siempre están ellos de banquete en casa de su padre y su vene­rable madre, y tienen a su alcance alimentos sin cuento. Du­rante el día resuena la casa, que huele a carne asada, con el so­nido de la flauta, y por la noche duermen entre colchas y sobre lechos taladrados junto a sus respetables esposas. Conque lle­gamos a la ciudad y mansiones de éstos. Durante un mes me agasajó y me preguntaba detalladamente por Ilión, por las na­ves de los argivos y por el regreso de los aqueos, y yo le relaté todo como me correspondía. Y cuando por fin le hablé de vol­ver y le pedí que me despidiera, no se negó y me proporcionó escolta. Me entregó un pellejo de buey de nueve años que él había desollado, y en él ató las sendas de mugidores vientos, pues el Cronida le había hecho despensero de vientos, para que amainara o impulsara al que quisiera. Sujetó el odre a la curvada nave con un brillante hilo de plata para que no escaparan ni un poco siquiera, y me envió a Céfiro para que soplara y con­dujera a las naves y a nosotros con ellas. Pero no iba a cum­plirlo, pues nos vimos perdidos por nuestra estupidez.

martes, 26 de julio de 2011

Una pincelada de... : Hermann Hesse, El lobo estepario.

ANOTACIONES DE HARRY HALLER
Sólo para locos

El día había transcurrido del modo como suelen transcurrir estos días; lo había

malbaratado, lo había consumido suavemente con mi manera primitiva y extraña de

vivir; había trabajado un buen rato, dando vueltas a los libros viejos; había tenido

dolores durante dos horas, como suele tenerlos la gente de alguna edad; había tomado

unos polvos y me había alegrado de que los dolores se dejaran engañar; me había dado

un baño caliente, absorbiendo el calorcillo agradable; había recibido tres veces el correo

y hojeado las cartas, todas sin importancia, y los impresos, había hecho mi gimnasia

respiratoria, dejando hoy por comodidad los ejercicios de meditación; había salido de

paseo una hora y había visto dibujadas en el cielo bellas y delicadas muestras de

preciosos cirros. Esto era muy bonito, igual que la lectura en los viejos libros y el estar

tendido en el baño caliente; pero, en suma, no había sido precisamente un día

encantador, no había sido un día radiante, de placer y Ventura, sino simplemente uno de

estos días como tienen que ser, por lo visto, para mí desde hace mucho tiempo los

corrientes y normales; días mesuradamente agradables, absolutamente llevaderos,

pasables y tibios, de un señor descontento y de cierta edad; días sin dolores especiales,

sin preocupaciones especiales, sin verdadero desaliento y sin desesperanza; días en los

cuales puede meditarse tranquila y objetivamente, sin agitaciones ni miedos, hasta la

cuestión de si no habrá llegado el instante de seguir el ejemplo del célebre autor de los

Estudios y sufrir un accidente al afeitarse.

lunes, 11 de julio de 2011

Una pincelada de... : Villiers de L'Isle Adam (1838-1889)

EL SECRETO DE LA ANTIGUA MÚSICA (Al señor Richard Wagner)
Por  Villiers de L'Isle Adam

 ¡Protesto!, ¡en nombre del Sr. Clapisson! Aquí no hay melodía. ¡Es una cencerrada! ¡El Arte está perdido! Caemos en el vacío. 

    Era día de audición en la Academia nacional de Música. En las altas instancias se habla decidido el estudio de una obra de cierto compositor alemán (cuyo nombre, olvidado desde entonces, felizmente se nos escapa); y tal maestro extranjero, si había que creer en diversos memoranda publicados por la Revue de Deux Mondes, ¡era nada menos que el creador de una música «nueva»! 
    Así pues, los músicos de la Ópera se encontraban reunidos para poner, como suele decirse, las cosas en claro y descifrar la partitura del presuntuoso innovador. 
    El momento era grave. El director de la Academia apareció en escena y entrego al director de orquesta la voluminosa partitura en litigio. Éste la abrió, la leyó, se estremeció y declaró que la obra le parecía inejecutable en la Academia de Música de París. 

lunes, 4 de julio de 2011

Una pincelada de... : Marc Augé, "Los no lugares. Una antropología de la sobremordenidad" (1992), cap. 3, "De los lugares a los no lugares"

Un mundo donde se nace en la clínica y donde se muere en el hospital, donde se multiplican, en modalidades lujosas o inhumanas, los puntos de tránsito y las ocupaciones provisionales (las cadenas de hoteles y las habitaciones ocupadas ilegalmente, los clubes de vacaciones, los campos de refugiados, las barracas miserables destinadas a desaparecer o a degradarse progresivamente), donde se desarrolla una apretada red de medios de transporte que son también espacios habitados, donde el habitué de los supermercados, de los distribuidores automáticos y de las tarjetas de crédito renueva con los gestos del comercio "de oficio mudo", un mundo así prometido a la individualidad solitaria, a lo provisional y a lo efímero, al pasaje, propone al antropólogo y también a los demás un objeto nuevo cuyas dimensiones inéditas conviene medir antes de preguntarse desde qué punto de vista se lo puede juzgar.

Presencia del pasado en el presente que lo desborda y lo reivindica: en esta conciliación ve Jean Starobinski la esencia de la modernidad. En este sentido hace notar, en un artículo reciente, que autores eminentemente representativos de la modernidad en arte se han dado "la posibilidad de una polifonía en la que el entre cruzamiento virtualmente infinito de los destinos, de los actos, de los pensamientos, de las reminiscencias puede reposar sobre un bajo continuo que emita las horas del día terrestre y que marque el lugar que en ella ocupaba (que podría aún ocupar) el antiguo ritual". Cita las primeras páginas del Ulyses de Joyce, donde se hacen oír las palabras.de la liturgia: "Introibo ad altare Dei"; el comienzo de A la Recherche du temps perdu, donde la ronda de las horas en torno al campanario de Combray ordena el ritmo "de una vasta y única jornada burguesa..."; o también Histoire, de Claude Simon, donde “los recuerdos de la escuela religiosa, la plegaria latina de la mañana, el benedicite del mediodía, el ángelus de la tarde fijan puntos de referencia en medio de 81 las vistas, los planos recortados, las citas de todo orden, que provienen de todas las etapas de la existencia, del imaginario y del pasado histórico, y que proliferan en un aparente desorden, en torno de un secreto central..." Estas "figuras premodernas de la temporalidad continua que el escritor moderno cree mostrar que no las ha olvidado en el momento mismo en que se libera de ellas" son también figuras espaciales específicas de un mundo que Jacques LeGoff mostró cómo, desde la Edad Media, se había construido, alrededor de su iglesia y de su campanario, mediante la conciliación de un paisaje nuevamente centrado y de un tiempo reordenado.

viernes, 24 de junio de 2011

Una pincelada de... : Blaise Pascal (1623-1662), Pensamientos sobre la diversión.

"...toda la desdicha de los hombres, proviene de una sola causa: no saben permanecer en reposo, en un cuarto".

"La diversión es lo único que nos consuela de nuestras miserias; sin embargo, es la mayor de nuestras miserias. Pues nada hay que nos impida más preocuparnos de nosotros, nada que nos lleve más a que nos perdamos insensiblemente. Sin esto, nos encontraríamos en el tedio, y este tedio nos incitaría a buscar un medio más eficaz de salir de él. Pero la diversión nos entretiene, y nos hace llegar insensiblemente a la muerte."


131
Tedio. - Nada tan insoportable para el hombre como estar
en reposo total, sin pasiones, sin asuntos, sin diversiones,
sin empleos. Entonces siente su nada, su abandono, su insuficiencia,
su dependencia, su impotencia, su vacío. Al instante
extraerá del fondo de su alma el tedio, la negrura, la tristeza,
el pesar, el despecho, la desesperación.

martes, 21 de junio de 2011

Una pincelada de... : Cioran, entrevistado en 1991.

"SÓLO SE SUICIDAN LOS OPTIMISTAS"
 Por: Amparo Osorio y Gonzalo Márquez Cristo
 Texto incluido al final del libro "Ese maldito yo" (1987)



Creo que debemos liberar nuestros ojos, lograr que miren como los del camaleón en diferente sentido, y minar el campo del pensamiento. Basta tener hambre para saber que la corrupción es más humana que la virtud, acercarse a la poesía para entender que la angustia es benéfica. Y siguiendo esta lógica, afirmo que en el hastío duerme una rebelión que tarde o temprano sacudirá a Europa.


Cinco años después del fallecimiento en París (20 de junio de 1995), del más notable pensador de los últimos tiempos, y recordando nuestra visita a su apartamento de la rue de l'Odeón, donde  asistimos perplejos a la intensa luminosidad de su presencia, a su incesante lúdica y a su explícita ternura, nos parece imprescindible en este quinto aniversario reproducir como preludio su magistral epitafio:
 "Tuvo el orgullo de no mandar jamás, de no disponer de nada ni de nadie. Sin subalternos, sin amos, no dio ni recibió órdenes. Excluido del imperio de las leyes, y como si fuera anterior al bien y al mal, no hizo padecer nunca a nadie. En su memoria se borraron los nombres de las cosas, miraba sin percibir, escuchaba sin oír: los perfumes y aromas se desvanecían al aproximarse a los orificios de su nariz y de su paladar. Sus sentidos y sus deseos fueron sus únicos esclavos: de tal modo que apenas sintieron, apenas desearon. Olvidó dicha y desdicha, sed y temores; y si en alguna ocasión volvía a acordarse de ellos, desdeñaba nombrarlos y rebajarse así a la esperanza o la nostalgia. El gesto más ínfimo le costaba más esfuerzos que los que cuestan a otros fundar o derribar un imperio. Pues nació cansado de nacer, se quiso sombra: ¿cuándo vivió entonces?, ¿y por culpa de qué nacimiento? Y si llevó su sudario en vida, ¿merced a qué milagro logró morir?".

jueves, 16 de junio de 2011

Una pincelada de... : Primo Levi, "Más aca del bien y del mal" en Si esto es un hombre (1958)

MÁS ACÁ DEL BIEN Y DEL MAL


Teníamos una incorregible tendencia a ver en cada acontecimiento un símbolo y un signo. Desde hacía setenta días se hacía esperar el Wäschetauschen, la ceremonia del cambio de la ropa interior, y ya circulaba insistente la voz de que faltaba ropa interior de recambio porque, debido al avance del frente, los alemanes no podían hacer afluir a Auschwitz nuevos transportes; «por eso» la liberación estaba cerca; y paralelamente, la interpretación opuesta, que el retraso de la muda era signo seguro de una próxima liquidación integral de todo el campo. Pero la muda llegó y, como de costumbre, la dirección del Lager se preocupó de que llegase de improviso y al mismo tiempo a todos los barracones.
Es preciso saber que en el Lager la tela escasea y es preciosa; y que el único modo que tenemos de procurarnos un trapo para limpiarnos la nariz, o un retazo para los pies, es precisamente el cortarle el faldón a una camisa en el momento de la muda. Si la camisa es de manga larga, se le cortan las mangas; si no, uno se contenta con un rectángulo de abajo, o se descose uno de sus numerosos remiendos. En todo caso, hace falta algún tiempo para procurarse aguja e hilo, y para realizar la operación con cierto arte, de modo que el estropicio no sea demasiado evidente en el acto de la entrega. La ropa sucia y rasgada pasa a granel a la Sastrería del campo donde es sumariamente zurcida, luego a la desinfección con vapor (¡no al lavado!) después es redistribuida; de ahí que, para salvar la ropa usada de las mencionadas mutilaciones, sea necesario hacer llegar la muda de la manera más imprevista.

miércoles, 15 de junio de 2011

Una pincelada de... : Borges, "Ulrica", El Libro de arena (1975)

Ulrica

Hann tekr sverthit Gram ok leggr i methal theira bert.
Völsunga Saga, 27

Mi relato será fiel a la realidad o, en todo caso, a mi recuerdo personal de la realidad, lo cual es lo mismo. Los hechos ocurrieron hace muy poco, pero sé que el hábito literario es asimismo el hábito de intercalar rasgos circunstanciales y de acentuar los énfasis. Quiero narrar mi encuentro con Ulrica (no supe su apellido y tal vez no lo sabré nunca) en la ciudad de York. La crónica abarcará una noche y una mañana.


Nada me costaría referir que la vi por primera vez junto a las Cinco Hermanas de York, esos vitrales puros de toda imagen que respetaron los iconoclastas de Cromwell, pero el hecho es que nos conocimos en la salita del Northern Inn, que está del otro lado de las murallas. Éramos pocos y ella estaba de espaldas. Alguien le ofreció una copa y rehusó.


–Soy feminista –dijo–. No quiero remedar a los hombres. Me desagradan su tabaco y su alcohol.


La frase quería ser ingeniosa y adiviné que no era la primera vez que la pronunciaba. Supe después que no era característica de ella, pero lo que decimos no siempre se parece a nosotros.


Refirió que había llegado tarde al museo, pero que la dejaron entrar cuando supieron que era noruega.


Uno de los presentes comentó: