Rotos los nervios, voy calle abajo, busco silencio. Marcho bajo los efectos todavía del parloteo incesante de los atrapados por la huelga de los controladores, trastornado por la banda sonora televisiva que escupe a todas horas el anecdotario de los viajeros en tierra: inagotable cháchara que repite un lamento monocorde de palabras idénticas unas a las otras, todo el mundo masticándolas, y eructando luego su sonido. Busco silencio en medio de un país en plenas fiestas o puente mongol, perturbador puente de locos. Voy calle abajo, con el infernal parloteo taladrando todavía mi cabeza y mezclándose sin piedad con Wikileaks y su "máquina textual", con esa máquina que produce miles de documentos ininterrumpidamente, como si quisiera confirmarnos que el infinito es bien poca cosa, tan solo una cuestión de escritura.